Esto de la infertilidad te hace cambiar... llevamos tanto tiempo deseando algo, viviendo entorno a tratamientos, médicos, pruebas, esperas, ciclos que a mi por lo menos se me olvida lo mas importante...
VIVIR.
Cuando empiezo un tratamiento, todo es emoción, miedos, ilusiones, dudas, esperanzas, temores, en definitiva una montaña rusa de emociones. Puede que esta sea la definitiva, entonces imaginas que puede que una lo consiga... es empezar una nueva vida, nuevas ilusiones, una dulce espera aunque se tenga vómitos, te duela la espalda y no puedas dormir, pero te imaginas los cambios que vendrán a partir de ahora.... y una felicidad te invade.
Pero como siempre...
viene el NO, el fracaso del tratamiento... la temida beta negativa. Y a mi me pasa que ya no es una simple beta, ya no es un volver a empezar, es mas bien que me ahogo al pensar en afrontar un nuevo día. Una semana mas. Un ciclo mas.
Cada tratamiento me deja echa polvo. Y cuando hago balance de quien soy? yo ya ni me reconozco. Miro a la "merimeri" de hace unos años que era una chica alegre, que no le costaba hacer nada las cosas, que si un día quería coger la bici para irme a escalar una pared lo hacía sin el mas minimo esfuerzo.
Me encantaba dibujar pero sobretodo cantar. Estaba deseando quedarme sola en casa para ponerme a cantar mis canciones preferidas y cuando venían mis padres, me daba mucha rabia porque ya se acababa mi tiempo de intimidad , ya no cantaba.
También hasta no hace mucho me encantaba tocar la guitarra. Empecé un día que ví a mi primo tocarla y es que él no tocaba la guitarra, la acariciaba... fue esas caricias de las cuerdas lo que me enamoró, el sonido agradable que desprendían cuando tocaba las cuerdas de la guitarra. Entonces me dije, yo también quiero! y asi fue, yo solita aprendía a tocarla, siempre con suavidad, con dulcura hasta que los acordes dejaban de sonar sucios para convertirse en sonidos nítidos. Al principio no podía tocar todo lo que quería porque las ampollas de los dedos me impedía hacerlo, pero estas fueron a dar callos, durezas , y para ese entonces ya dominaba lo justo de la guitarra para sacar mis canciones y cantar a la vez. Me chiflaba. Me pasaba todo el tiempo libre que podía tocando y cantando. Me grababa y luego intentaba mejorar. Me parecía increible que pudiera crear mi propia música.
Después empecé a cantar y tocar para mi familia y perdí la vergüenza a hacerlo... me sentía muy bien.
Pero con el tiempo, dejé de ser tan yo, para convertirme en lo que soy, un nuevo yo que me estoy conociendo, ahora ya no me gusta tanto tocar pero porque me canso de tocar las mismas canciones, y como no estoy inspirada no me sale tocar nuevas canciones, aun asi en días malos, me meto en el cuarto de baño donde la acustica es mejor y me pongo a cantar... y por unos minutos mi yo de antes, y mi nuevo yo se hacen uno y me siento feliz.
Es duro no reconocerse, mi yo de ahora es complicado, digamos que nos estamos conociendo. A esta nueva personita ahora le cuesta hacer todo, le faltan las fuerzas porque debe de haberlas empleado en afrontar tanto sufrimiento, tantos momentos duros, pero poco a poco, también es fuerte porque se levanta con cada caida, y por muy dura que parezca, resurge, pero claro... eso la debilita, y le cuesta afrontar los retos, porque tiene poco autoestima, muchas inseguridades y le pesa el mundo,
me pesa la infertilidad.
Aun asi poquito a poco, me estoy aprendiendo a querer como soy, a no exigirme y a tomarme las cosas despacito que es lo que me pide el cuerpo. Si, claro que me apetecería tener mas ilusion, mas fuerzas y ser mas valiente para enfrentarme a algunas situaciones. Pero de momento, me quedo con que me voy conociendo...
Petit à petit como dicen en esta tierra de adopción.